18.8.13

Lagrimeo

Lagrimeo. Se me cae una palabra. Paciencia. Se escurre entre las pecas y va bailando sin freno, enloquecida por el insólito placer de sentirse libre. Se me cae otra, y esta se retrasa en mi parpado, duda, dibuja el contorno de mi ojo izquierdo, y se tira al vació, rueda cuesta abajo y termina fusionándose con el viento. Lagrimeo. Se me pierde una canción. Se fuga entre remiendos de pantalones, sospechas de regresos y pizcas de cielo. Corre a través del páramo de la ausencia, en soledad, y ve caer las palabras como un manantial, las toma, las incorpora y ríe. Me ha robado una vez mas. Lagrimeo. Sollozo, caen las tardes de agosto, un cuento infantil mal leído, y una rebanada de tu nombre. Ironía es que se pierda aquello que te nombra pero no tu recuerdo. Suspiro. Atravieso el desierto. La arena y las sombras me rodean, y vuelvo a perder un par de palabras. Dios. Fin. Ellas ruedan por el papel y mi cara. Tontamente van a estrellarse en mi nariz y se hacen una, que sigue por la comisura de mis labios hasta penetrar en mi boca dejándome el inconfundible sabor de una oración perdida. Y así me convierten en atea e infinita a la vez.

5.8.13

Vos y las noches


No se que hacer con vos en las noches porque te me apareces a mi lado, y te me pones a hablar susurrando para que nadie mas oiga. Y me cuentas de tus andanzas, de tus días, de tus noches, de tus mujeres, de tus conquistas, de tus amantes. Me cantas y me amas en silencio. Y luego te apartas, y entonces penetras en mis sueños, y pesadillas, tan profundo que ni al despertarme te despegas. Pero en el día te ausentas, con la luz de la mañana te conviertes en distancia que se aleja con el viento. Y al caer de la tarde vuelvo a sentir el cruel anhelo de torturarme con tus regresos. Pero no se que hacer con vos en las noches porque juegas a ser la mar, a acercarte e irte en un mismo movimiento, te vas pensando en volver, quieres y no quieres a la vez. Te me cuelas entre las sabanas y entre los recuerdos, y yo no tengo mas que perseguirte entre instantes, saltar entre tardes y cumpleaños, acorralarte en algún septiembre y dejarte escapar (pues de otra manera no podría ser) bajo la lluvia de julio, para seguir este absurdo juego un día mas. 

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1.8.13

Pasar la tarde y mirar arriba: vaivén de hojas y olor a lluvia en el aire, olor a flor a punto de nacer.
Una y otra vez, brisa acércame aquel perfume a frescura y cielo, adolescencia y ardor.
Brisa, mece mis recuerdos, arrullalos, susurrales canciones de cuna, arropalos, hazlos dormir, olvidar, morir. 

30.6.13

Grito

He muerto cada día desde el 13 de febrero del 2009, he muerto he renacido, he confiado, he perdido, he ganado, he bailado, rompí electrodomésticos y miedos, sobrepase barreras, corrí, grite. He llorado cada día, he recordado, he reído, he jugado, conocí gente, la perdí, volví a conocer gente. He luchado contra la memoria, me ha ganado todas las partidas, he abandonado, pero mas me han abandonado, cambie, crecí, me perdí, me busco. He intentado sin suerte, he cruzado ciertos limites, he vuelto atrás, me he alejado y he vuelto, has vuelto y te has ido mas de una vez. Cante quinientas veces la misma canción, escribí un libro entero en tu nombre, deje de escuchar ciertas melodías, no pare de repetir ciertas palabras,  trate de olvidar una voz resonante, tape los adiós con nuevos hola que me dijeron hasta siempre. Volví a recaer como un alcohólico pero mas profundo, volví a caer contra el pavimento pero mas duro, me torcí pero no rompí, y George sabe que lo hubiera preferido. Busque hallarme entre otras personas, busque hallarte en otras bocas, busque sentir como en otras épocas, busque nombres que me engañaran las ganas de nombrarte. Encontré dolor, encontré ardor, encontré que no había forma de taparte. He mentido, me han mentido, he inventado las historias mas estúpidas, he creído mis propias mentiras, me han intentado ayudar, me han ayudado, no han logrado mucho avance. Visite a un psicólogo, dos médicos clínicos, un gastroenterologo, un neumonologo, un otorrinolaringologo, dos oculistas, un dentista, cinco cardiologo, dos ginecólogas, un neurólogo y un dermatologo, y aun no explican mi dolor en el pecho ni mi falta de aire: no estas en mi mente, ni en mi cuerpo, ni en mi estomago, ni en la nariz, boca u garganta, ni en los ojos, ni entre los labios, ni en el corazón, ni en mi vagina, ni en las neuronas, ni en la piel, pero estas. En todos esos lugares y mas: sos los recuerdos, todo mi cuerpo, las cosquillas en el estomago, el instante sin aire en los pulmones, el perfume que no me deja respirar, el sabor de mi lengua, las palabras trabadas en mi garganta, el nudo, las imágenes que se dejan ver en mis lagrimas,  el sabor de mi legua, lo rojo de la sangre que transita por mis venas, la válvula que mueve a mi sucio corazón, las pasiones que no pude desatar, los pensamientos, la blancura de mi tez y los vellos cuando se erizan. Estas en las canciones que me tocabas o cantabas, en las de tu banda en las de las bandas que nombraste o cantaste, en las que escribiste, en las que nombraron tus amigos, en las que te describen, en las que dicen tu nombra, en las de las personas que te pareces, en las que parecen describir nuestra historias, en las que quisiera dedicarte y en las que me hacen llorar. Me sonas con guitarras, baterias, platillos, bombos, violines, arpas, mandolinas, bandoneones, flautas, y saxofones. Tus cuentos ganaron medallas, aplausos, felicitaciones, diplomas, pero ¿cual es el sentido si no te llegan, si no te los grito en la cara? He dedicado cada día desde el 13 de febrero del 2009 a tu sonrisa, el pocito de tu pera, tu barba, tus rulos, las patillas, el lunar en el pecho, tus piernas peludas, tu pecho tibio, tu boca pequeña, tus dientes perfectos, tus manos ásperas, tu andar torpe, tus brazos flacos, tus caras de duda constante, tus buzos grandes, tu skate, tu batería, tu auto, tus amigos, tus novias, tus ex novias, tus amigas, tus futuras parejas, tu hermano, tus papas, tu futura sobrina, tus triunfos, tus logros, tus cambios, tu crecimiento, tus lagrimas, tus derrotas, tu pequeña altura, tu gran corazón, tu poca demostración de afecto, tu vergüenza, tu movimiento permanente de morderte el borde del labio o la piel que sobra dentro de la boca, tu manera de tensar el semblante, tus llagas de la mano, tu manera de correrte el pelo de la cara con toda la mano abierta, tus rulos cuando se caen en tus ojos, tus pestañas perfectamente curvas y espléndidamente largas. He peleado contra todo aquello que me recuerda a vos: mis paredes ya que te acobijaron, el baño que te escondió, el techo que miraba cuando nos acostábamos cansados de intentar, el colchón que nos dio la bienvenida, las ventanas que miraba mientras descansabas el día que llovía, la caja en el a que guardaba cosas, las almohadas que atesoraban tu gorrito, la escalera que subiste, el portón que nos espiaba, la calle en la que parabas el auto, el pasto que toco sus ruedas, los lugares que visitamos, los boliches, los bares, las casas, el bingo, la estación de servicio, el colectivo que te tomabas y sus paradas, tu barrio, las paredes en las que nos apoyábamos, los barrios que caminábamos, la plaza, el banco en donde nos sentamos la primera vez, los arboles que nos cruzábamos, el otoño, las tardes con sol, el frió, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, y ahora le agrego octubre, los chocolates que siempre prometías regalarme, las puertas y llaves, los miércoles que era el día en que nos veíamos mas tiempo, los martes a la noche que te esperaba en la plaza cuando salias del colegio y nos quedábamos ahí hasta las siete y media de la tarde, los jueves que venia mas temprano para verte y vos siempre llegabas tarde, el cine y ciertas películas sobre todo "El secreto de sus ojos", los colores azul y negro, los números 4, 5, 9, 10, 13, 15, 17, 24, 25, 28, y 29, los días de lluvia, y cualquier pequeña tristeza porque en ellas estas siempre mas fuerte que cualquier dolor del presente, acurrucado entre mis ojos esperando para largarte en llanto. Te escribo cada vez con mas premura con mas deseos, con menos esperanzas, de manera mas contradictoria, con mas anhelos, con menos poesía, con mas honestidad, con mas desesperación, con menos tiempos, con mas cansancio, en fin, te escribo cada vez con menos vida.

Le petit mort


Hace tiempo que no te nombro, que ni a tus apodos me acerco, pero este día te reencuentro en las sabanas corridas y  entre muros silenciosos. Y en el colchón que no se termina de amoldar al solitario cuerpo que lo habita. Este día en particular por la hora y el lugar, por la madrugada y el frio, por la tan cruel cercanía entre tu rostro gélido y la blancura de tu piel, frágil como la porcelana. Recuerdo aquel beso, le petit mort, la forma en que en un mismo gesto fuiste presa de mis amores, y tu presencia se escurrió entre mis brazos cual arena que a la mar regresa. Empiezo a sentir la humedad de tu lengua sobre mis labios, y la saboreo; vuelvo en sí, ahora tu mano que torpemente roza mi pelo, y yo que me inclino para recibir tal caricia; alcanzo a  incorporarme para recibir tu mano fugaz que se pasea por mi pecho, y me tenso solo un momento, solo hasta sufrir el placer en pleno; adivino tu siguiente movimiento, te espero entre mi oído y mi cuello, y llega tu aliento cálido. Ahora tiemblo. Tu boca, el templo que se abre a mis deseos, a mis ruegos que susurra alguna cosa sin sentido, alguna cosa que de no estar me haría perecer, agonizante ante las llamas del silencio. Fragmentos. Y, así como llegaste, te vas. Nuevamente desapareces en medio de la noche, sin dejar más que la conmoción de tu presencia. Por un rato deseo que no hubieras vuelto, luego me resigno a la visita, y comienzo la cuenta regresiva sin nombrarte hasta la próxima madrugada. Ya siento, cual Edith, como mis músculos se vuelven sal y se endurecen hasta mis pasiones, por desobedecer el mandato de no mirar atrás. Y tú, mi Lot, que te vas sin derramar las lágrimas que mis ojos vuelven a llorar.
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2.5.13

Un segundo exilio.


Todavía le escribía hace un tiempo. Todavía le añoraba, hace un tiempo.
Le adoraba y complacia con mi ausencia.
Me inquietaba su presencia, y mis piernas se estremecían al verle,
y se disputaban la locura mis labios con mi corazón que parecía galopar al compás de sus pasos.
Mis brazos se balanceaban así como mis manos temblaban enfermas de pasión
sin poder ocultar la necesidad de tocar cada detalle de sus lunares,
y construir un camino en su espalda solo rozando apenas su piel blanca,
solo logrando erizarle la vida.
Tanto le amaba (hace un tiempo), que me entretenía describiendo sus ojos, almendros,
su boca algo indecente, su belleza casi obscena, y sus vulgares maneras.
Tanto me dedicaba a ofrecerle mansamente mis anhelos, que me dolían los músculos de pensarle,
y me ardían los recuerdos, pues al rememorarle lastimaba mis días, creyendo curar alguna herida.
Tanto le esperaba. Hace un tiempo, me había convencido hasta tal punto de su pronto retorno
que festejaba de ante mano, con ilusa alegría alquilada, y brillo en los ojos a cuenta.
Tanto le he olvidado ahora, que ni sus letras nombro, y su voz que se hace añicos en mis ventanas,
se perdió en la fría brisa de una mañana.

14.4.13

Mantener la pena.

Y llego el invierno, y no volvió.
Se cayeron las hojas, y paso el otoño.
Y no volvió en invierno.
Volaron las aves, se avino la lluvia
las flores se escondieron
pero no volvió.
El verde fue amarillo, y se torno gris
su lugar se convirtió en ausencia.
y el frío no lo encontró.
Su voz se dejo de escuchar,
los caminos que dejo atrás,
se escarcharon y no vino por mi..
Y llego el invierno, y no volvió
y lo que era el, desapareció,
Y no volvió en invierno.
Las promesas y los jazmines se marchitaron,
la estela de su movimiento se acabo
y este impasible tiempo, lo olvido.
Pero la amnesia no se tradujo en mi boca
que a su nombre llama y llora
Aunque este Junio no llego.

Y llego el invierno, y no volvió
y la sombra se hizo la canción.
Y no volvió en invierno.
Y llego septiembre, y paso
como paso octubre con su amor
Y no volvió, no volvió en invierno,
no volvió.
.

22.2.13

En invierno te necesito mas.


Vuelve en invierno, querido mio, que es cuando mas te necesito. Con el  fresco vuelven los llantos, la angustia y los recuerdos.
Vuelve con el frío, luz de mi alma, pues la soledad es cruda compañía y las alegrías escasean.
Tu calidez, Junio amante, necesito que retorne.
Tu voz de tierno romance devuelve la vida a mis sentidos.
Vuelve en agosto, corazón que me late, que en las noches tus sombras se tornan hostiles y la lucha endurece mi semblante.
Vuelve con chocolates, regalame tus susurros, acariciame con suspiros; que tu helada ausencia quiebra mis labios, y lloro, lloro y tu imagen, vida mía, queda en la almohada adherida.
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17.2.13

El día que volvió a morir.

Caer en el abismo y sonreír,
volver en si.
Desear ante tus ojos florecer,
mudar de ser.
Soñar con tu mirada penetrar,
entender mas.
Ahogarme por la dicha de tu piel,
saberte cruel.
Quererte esperar y no poder, 
desfallecer.
Saber que, ante la ausencia, volverás,
enloquecer.
Ansiar el describirte en un papel,
exorcizar.
Morir en la gaviota que mate.
No renacer.

4.2.13

"Dime cuando moriré que tengo miedo de faltar a la cita"

29.1.13

Camila demandaba lo imposible

Es difícil de explicar pero tengo la certeza de que Camila presentía sus llegadas, las de su Junio. Aun cuando las visitas no fueran acordadas o resultaran sorpresivas. No puedo explicarlo lógicamente, solo sé que ella lo sabia. Tal vez fueran los pajaros que rápidamente levantaban vuelo, o el aleteo espontáneo de alguna mariposa. Quizás se tratase del movimiento de las nubes que parecían acomodarse, o el de las ramas de los arboles que se bamboleaban meciendo a las hojas; o, incluso, ellas mismas, las hojas que de la desesperacion se tiraban al vació, apilandose unas con otras en la tierra. No lo sé, lo cierto era que Camila intuía sus llegadas.
Era algo de una belleza emotiva que daba gusto presenciar. Era su espalda que se tensaba hasta erguirse por completo, su mirada, repentinamente fija, que se clavaba en el cielo  como si fuera posible que Junio bajara volando acompañado de algún mosquito, o lo hiciera planeando lentamente de la mano de un paraguas, simulando un cuadro del viejo Magritte; el hecho era que se quedaba tiesa mirando la nada, espectante, y al mismo tiempo los vellos de sus brazos se erizaban poco a poco, y sus dedos comenzaban una silenciosa lucha que concluía con uñas esparcidas por el piso y cutículas rojas. Pero nada la distraía, todo le rozaba la sombra sin tocarla a ella, incluso la brisa que le despeinaba los cabellos y le hacia cosquilla apenas en la coronilla. No escuchaba, no respondía, solo se quedaba ahí, tan chiquilina, infantil, pequeña, tan mínima mientras el mundo tan solo la rodeaba.
Entonces llegaba él precedido por el sordo ruido de un aterrizaje, como dándole la razón a la absurda búsqueda aérea de los ojos de Camila, y todo se tornaba distinto, se percibía en el aire un cambio, se respiraba de otra manera. La atmósfera adquiría sabores dulzones con alguna nota cítrica. Todo se vislumbraba (al menos para mi, una simple voyeur de aquel ritual) a través de algún velo, adivinándolos a ellos dos del otro lado, lado sepia, algo antiguo, como aroma a hojas caídas en otoño, tal como sabría abril si se lo probara. No puedo describirlo mas que con una palabra: mágico.
Simplemente la rigidez y la espera de Camila se tornaban  otra cosa: ojos saltones que brillaban al tiempo que se les descubría un destello de luna; dedos que declaraban la paz para unirse a los de una mano mas aspera, la del hombre que encajaba con una perfección sin igual en sus espacios vacíos; labios que se relajaban y corrían alegres al encuentro de la boca que los recibía con la naturalidad de dos amantes de toda la vida.
La ternura de sus gestos, la infantil sencillez de aquel rito me embargaba de tal forma que me era difícil no participar en su dicha, y, a la vez, se volvía imposible no confiar en que aquella bienvenida había sido ideada hacia muchas estaciones por alguien poderoso que, a falta de alguna certeza, me contento con llamar destino.
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27.1.13

vivre sa vie


Jamás pudo olvidar la forma en que sus labios se tensaron hasta adquirir la rectitud de una línea; sus manos que se movían con rapidez acompañando las palabras que nerviosas corrían a través de aquella boca, otrora su única debilidad; la manera en que sus ojos se tornaron dos sombras que apenas se vislumbraban ante la oscuridad que los azotaba; la palidez de su rostro que, al contrario de otras veces, parecía apagarse hasta perder el tinte de naturalidad;  el sudor de su frente, coronilla y dedos,  que caía por su cabeza, espalda y manos, hasta perderse entre la ropa. Jamás pudo averiguar si era solo sudor o también había lágrimas; si era solo vergüenza, o había capas de pasados, puntas de presentes, notas de futuros.  Tampoco supo entender el alcance de aquellos fonemas sin sentido que escuchaba sin prestar demasiada atención, absorta en los labios finos, los ojos muertos, las manos bailarinas, la blancura del rostro, y la transpiración-llanto. No supo medir, en aquel instante, la volatilidad de las palabras que ni bien sonaban desaparecían en el viento, más rápido que el humo de un cigarrillo en la neblina. Pero aquellas palabras no sabían a nada, ni siquiera se adivinaba la muerte en ellas, solo se evaporaban sin significar, sin rasgos de semiosis, solo existían en un presente efímero. Jamás las pudo recordar. Sin embargo, la espalda que se alejaba  en la plaza, la insensatez de sus pies que no se movieron, las suplicas y reproches que se intercalaban en su mente pero que no nacieron, la certidumbre de que se estaban apagando las luces, y las campanadas de la Iglesia que irónicamente los vigilaba, se hicieron piel en ella. Y entonces no importaron las frases exactas, ni las promesas innecesarias para comprender que todo lo que en ella habían sido flores, ahora mostraban las espinas. Y lo triste fue comprender que el hecho de odiarlo, no la hacía quererlo menos.
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17.1.13

Quisiera una carta con preguntas.

Queridísima Julia:
                               He pasado por tantas lunas ausentes de sentido que perdí la cuenta de tu falta. ¿Seguirás usando el lazo que te regale?  ¿Conservaras aun los rulos? Cuantas preguntas me asaltan en las noches, pero no te exijo respuestas, es tan solo un monologo interno. Tanto me he hablado que no reconozco más que mi voz, que se apaga conforme pasan los otoños. Prometo, Julia que un día regresare las primaveras, aunque, si no me engañan mis memorias, vos preferías los inviernos.  Por ahora, este absurdo robo de estaciones, es lo que mantiene mis pies en movimiento, siempre corriendo entre el crujir de hojas  y alguna que otra lluvia. Sigo anhelando tu llegada, pero ya no espero tu replica, tu inacción me abruma por momentos, pero respeto tu silencio Julia, te respeto. Sostengo una carta con preguntas. Las horas vuelven a  estirarse, siento que esta carta ha durado más de lo que el reloj marca, sucede que la soledad, ¿cómo decirlo?... bien, no le encuentro el sentido a ella. No te aflijas con mis pesares, soy el hombre fuerte con el que te encontraste hace tiempo, solo que la ausencia pesa. Julia, tu nombre me sabe a almendros, y me sabe a abril. Te adivino en el aroma de la albahaca, y en el chispear del fuego; pero te exhalo Julia, lo hago como una patética defensa, y para verte de alguna forma. Todo lo que digo carece de valor pero lo hago por el puro ejercicio cotidiano de recordarte. Y así me voy despidiendo, lamentando si te importuné, codiciando tu retorno pronto, y muriendo en el intento de llegarte Julia querida. Adiós, gusto en evocarte y afán por memorizar hasta la geografía de tus lunares.

Lorenzo. 

11.1.13

Historia de mi muerte

Leopoldo Lugones

Soñé la muerte y era muy sencillo:
Una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo
con una vuelta menos me ceñía.
Y cada beso tuyo
era un día.
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte es muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía 
sino por un sólo cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría,
y ya no me besaste...
Y solté el cabo, y se me fue la vida.

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9.1.13


# Soy olvido, soy sujeto porque estoy presa de mis deseos, los cuales ansío sin pensar, y no puedo dejar de esperar. Soy el olvido de alguien más y ese caso me rasguña las vestiduras, me atraviesa como una daga porque a mí me fragmenta, y aquel no le sucede nada. Ojala el recordara que me olvido, e irónicamente me vuelva a buscar en algún sueño de verano, en una tarjeta postal, entre la multitud cantando el feliz cumpleaños, o en el compás del arroz con leche. Soy el deseo perdido de otros que no alcanzan a llenar mi bandeja de esperanzas, por eso me deshago entre noches y lágrimas, mías, otras, ajenas, propias. Soy yo tan solo el olvido, el hubiera, el pasado que no está; soy el fantasma de la navidad, un par de letras y un par de momentos que no volverán. 

3.1.13

Abaporu


Vos no existís, y yo tampoco, pero si acaso el universo se diera vuelta y resultara que estas sombras sin humanidad que habitan el infinito y en las que nos sentimos atrapados fueran reales, fueran más que espejismos, fueran espíritus encarnados; si se diera el caso de que existiéramos más allá de tus recuerdos y los míos, si se sintieran nuestras vibraciones fuera de los espacios que frecuentamos flotando sin rumbos;  si todas las pequeñas cosas que nos impiden continuar creciendo se quedaran sin alas para alcanzarnos, y si nuestros vuelos por fin tuvieran una razón de ser;  si sucediera que existimos, aunque sea en un orden distinto, cada tramo de nuestro trayecto tendría su analogía en el del otro, y seriamos uno solo, una sola vibración interminable que resonaría en los oídos del mas allá, que solo escucharíamos nosotros y algún diapasón perdido por ahí. Seriamos la misma persona  compartiendo la piel que nos abriga, tiritando en todo momento del puro placer de tocarnos a nosotros mismos. Participaríamos del mismo ritual cada noche,  solo escuchando el silencio, entendiendo lo no dicho, mirándonos con los ojos cerrados, porque aquel que serias también seria yo, porque siendo uno nos convertiríamos en el último cuartel de la ternura, en los militantes de la inocencia, en la resistencia misma peleando contra molinos de viento en una guerra sin trincheras. Y, aun no siendo, sos el mejor instante del que participo mi yo, que tampoco es.
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23.12.12

Junio en diciembre

Esta triste la noche ¿que le pasara? Tiene las nubes opacas, las estrellas vacías ¿Sera que le afecta mi soledad?. Supe que lloro mientras dormía y que dejo de hablarle a los amantes. ¿ Conoció lo que duele el desamor de la luna que se fugó de su lado? Esta angustiada y llueve y yo la acompaño con mis humildes gotas, pero no basta ni para ella, ni para mi. La luna y mi hombre se parecen: se esconden, huyen, vuelven como si nada pasara, brillan por unos instantes, y en las mañanas ya no están. Pero no estés mal noche amiga que cada estrella vale por la ausencia, y, aunque las nubes las tapen, detrás siempre están  ¿Crees que la luna que en mi vida alumbra vuelva como la tuya? Sin importar las letras que derrame queriendo ayudar, esta triste la noche, y me pregunto: ¿Cuando acabara? 

15.12.12

# 6

 Camila estaba sentada en su cama pensando. Tenia los ojos ausentes, llorosos, colorados, frágiles, acompañados por una mirada solitaria, fijada en un punto lejano, perdida, como absorta en un mas allá. Se estaba auto mirando, descubriéndose a si misma, y se veía en Junio en la calurosa noche de febrero en la que lo conoció tocando en un viejo bar de la ruta; se observaba en las hojas amarrilentas y crujientes de los arboles del abril que los conoció verdaderos, en el mismo color sepia de las cartas que se había cansado de escribir en las que había marcado las primeras letras que merecía su Junio; se reflejaba en las traslucidas y frías gotas de lluvia que chocaban en los vidrios de su ventana en invierno, en el momento antes de estallar en risas cuando unas manos cálidas la tomaban y la abrazaban estrujándole el cuerpo con fuerza, como con miedo a un improbable escape; y se miraba en mucho mas, en la repetición de una cara que no le era propia, que era la misma pero con años de diferencia, que era sorpresa mezclada con reencuentros, que era emoción con algo mas de amor.
Sentada sobre aquel colchón, Camila, sentía los murmullos de esas paredes que guardaban la voz de Junio (el junio tiempo y el Junio hombre), las promesas de futuro susurradas entre abrazos y lágrimas, como las que ahora mismo recorrían sus mejillas. Entre sus ojos y el mundo había un velo donde se proyectaban sus pasados haciendo que llueva en el presente. Se proyectaba la película del día del primer beso, cuando un festejo absurdo devino en abrazo que resvalo en beso y luego sorpresa; el film de algunas tardes frías que pasaban sentados en algún banco de la plaza del centro, o en alguna vereda cercana al San Juan Bautista, en donde se escondían y besaban, charlaban de pavadas, reían como amigos y planeaban complots contra el tiempo, puras utopías, fracasos alegremente anunciados.
Camila recordaba, además, las ultimas palabras antes del abismo "Lo siento querida fue todo culpa mía", y la aparejada sensacion tan honda de no saber convivir con la felicidad.
Tan fijo miraba que se le cansaron los ojos, se recosto y durmió. En el sueño corría entre septiembres y octubres luminosos, escuchando canciones largamente conocidas, escapando de amarguras enraizadas entre sus labios. Soñó con hombres que desaparecían. Soñó que sentía un dejavu, que se ponía a llorar, y mientras, la almohada en que su cabeza apoyaba, se humedecía tristemente.
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14.12.12

 
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9.12.12

Carta compleja para alguna de tus identidades de parte de todas mis humanidades.


Junio:
             Ante tus ojos tienes a la mujer innombrable que te enseño lo que era ser amado. Una mujer que pasó de ser solo una –M suelta en un papel, para convertirse en poema con todas las letras. Junio, ante ti se descorren todos los tules que te separaban del delirio vulgar incoherente peligroso y fatal que solo puede encerrarse en la palabra Camila, lo que para ti es un sinónimo de amor.  Esta mujer que soy yo, te escribe mientras recuerda al unicornio azul que se le perdió, aquel que la abandono para dejarle espacio a tu presencia que se avecinaba como poderosa. Ante tu rostro me sonrío, se sonríe Camila, y me sonrío yo, la real; y es solo para vos, Junio.   
Ante tus ojos hay un metro sesenta y cuatro de pura locura pecosa que se desvive por aprender a quererte bien.  Y hay un poco mas, hay atardeceres en la plaza, días lluviosos en mi cama, besos en los lunares, tardes en tu auto, besos esparcidos por bocas ajenas,  labios nerviosos temblorosos que esperan ser para ti tentación, respuesta, compañía; ojos llorosos colorados brillosos (brillo sos), que pretenden llevarte a pasear por sentimientos, recuerdos, verdades.
Ante ti, parada, erguida, digna, esta parada la mujer que dejo de ser niña con tu despedida, que aprendió a cuidarte a la distancia, que se convirtió en poetiza  por la fuerza, por la necesidad de no olvidarte. Junio, estoy parada ante ti para mirarte a los ojos cuando te diga que estoy orgullosa de ser lo que soy y de amarte como lo hago desde el día en que te vi, cuando todavía no era Camila, ni vos Junio; eso vino después.
Comprendo que te asuste pero debes de saber que ante ti tienes parada a una mujer inconmensurable que solo se mide en tus ojos,  que solo se recuesta en tu pecho, que solo duerme en tu compañía, que esta segura de quien es y de quien eres, y que te vuelve a elegir cada día.

Camila.