:- ¿Quieres cortar?
:- No, cortar es mucho decir. Yo prefiero los amores no correspondidos con finales abiertos.
Creo que al recordar el sonido gracioso de las letras de aquel nombre, Camila volvía a reír, a pesar de las lluvias. Recuerdo la manera en que cada conversación llegaba a esas cuatro estúpidas letras que para mi no eran nada pero a ella le significaban la vida; y la forma en que se empeñaba en buscar formas de hablar de el pero sin nombrarlo, solo planteando temas en los que nos era inevitable no pensar en el, e insinuando su nombre y aproximandose timidamente hasta que se hacia tan insoportable su censura, su continuo juego de acercamientos sigilosos, que me daba por nombrarlo yo, y ahí mismo me miraba con triunfo por un instante, para luego adoptar su clásica cara de reproche, y su frase de cabecera: "No lo nombres".